jueves, 24 de junio de 2010

ARCHIVO: ENTREVISTA AL INDIO COMANCHE

"En su corcel, cuando sale la luna..." Así comenzaba la canción que nos anunciaba la llegada de un héroe nocturno y enmascarado; sin embargo, años antes de que esa serie llegara a nuestras pantallas, otro héroe era esperado ansiosamente por chicos y no tanto. También venía en un caballo, aunque blanco con manchas, listo para ajusticiar a quien correspondiera, justo a tiempo. Claro que no era de la 7ª caballería, más bien lo contrario, era quien nos demostró que los indios no eran siempre los malos de la película, era... El Indio Comanche.

Toda historia tiene un comienzo
Nació en Lima, Perú, el 1 de Octubre de 1925 con el nombre de Elías Revoredo Aguilar. Su padre y sus hermanos eran militares, y nos cuenta acerca de la hazaña que enorgulleció a la familia "Mi tío hizo la travesía Lima - Bs As, Bs As - Lima en avión. El general de aviación Armando Revoredo Iglesias", un hecho que evidentemente era poco habitual por aquellos años. "Mi familia es de un pueblo que se llama Cajamarca, de ascendencia española, mi madre es indígena. A los 18, 19 años me empecé a ir, a viajar. Vivo aquí, en Argentina hace más de 40 años". Frente a quien esto escribe está un hombre alto, delgado, que aún mantiene su cabello largo, con su estilo propio, inconfundible, canoso, pero donde se adivina un pasado azabache. Es lógico preguntarse como un hijo de militar, con familia de militares puede elegir ser un errante luchador, "Mi padre era muy mujeriego, por lo tanto no podía objetar demasiado mi elección de ser luchador, se daba cuenta de que no tenía altura moral para criticarme algo, además para ese momento ya casi no vivía con nosotros. Sin embargo a mi madre sí le gustaba que fuera luchador, estaba contenta porque salía del barrio y evitaba meterme en cosas raras". ¿Pero qué fue lo que motivó a ese joven a ser un catcher? "Lo primero que ví fue a Montaña, Bargach, Collado, Aldo Bogni, Antonio Rocca, allá por el año 40 cuando fueron a Lima. Un día lo ví a Rocca caminar por el centro de Lima, era un monstruo, un tipo grandote. Al día siguiente leyendo el diario los ví a ellos, averigüé en donde entrenaban, era en un coliseo que se llama el Trianón. Ahí fui a verlos, yo tendría unos 16 años... Los miraba, los miraba..., hasta que un día me dejaron pasar. No les
gustaba que uno los viera, hasta a veces lo asustaban a uno para que se fuera, pero yo había tenido el coraje para quedarme y entonces le pregunté ¿necesita algo?, ¿agua?, como para ir entrando. A mi el entre me lo dio Antonio, un luchador que tenía una habilidad única."
Ciertamente había que tener coraje para animarse a encarar a esos auténticos gigantes de la lucha y el joven Elías lo tenía. "En ese momento se daba una prueba de suficiencia para poder luchar. Mi primera lucha, ya con 18 años, fue con uno al que le decian el yankee, era peruano. Era más bien una exhibición, no había ganador ni perdedor. Al entrenador que yo tenía no le gustó, después con los años me dí cuenta lo mucho que me ayudó al decirme eso, que no le había gustado. Me decía, esa palanca la hace cualquiera, esa toma con la pierna también, tienes que inventarte algo propio, usa tu imaginación, porque esto de la lucha ya está inventado... Y ahí fui otra vez, una prueba de suficiencia más, y me dijo, un poco mejor, pero.. Tenía razón, yo tenía que inventar un tipo de lucha, otra forma..., yo en ese tiempo leía una revista que se llamaba Pif Paf, entonces había algo que me llamó la atención, que los militares mataban a los indios, y me dije, yo cuando sea grande voy a reivindicar a los indios. Ahí es cuando nace el nombre, mejoro la capuera, lo que los brasileros llaman capoeira, sabía que la patada tenía que ir sobre la pierna de apoyo, generalmente en la parte media. Eso lo perfeccioné. El golpe de hacha, sabia que ese era bastante contundente. Y luego los dedos magnéticos, presión en los trapecios, en los biceps. Ahora se usa en la digitopuntura... Jejeje..."
Y el viaje comienza...
Por aquellos años era un joven de 86 kilos con 1.81 mts. que podía luchar con los de 70 kgs y con los de 90 kgs. Fue un proceso de tres, cuatro años. Hasta ser el Indio Comanche usó el nombre de El Angel Negro, "Me pintaba la cara. Nunca usé máscara. El luchador que usa máscara pierde su identidad, ahí tiene el caso de Reynoso, el Caballero Rojo. Nunca nadie supo quien era, se han aprovechado del personaje que él creó, un gran luchador." "Los luchadores argentinos tienen la cualidad de ser muy buenos. Amenaza, Bufalo, Renato el hermoso, Tito Kopa, y varios más. Acá han habido luchadores muy buenos que se fueron y no volvieron más." Alrededor del año 45 viaja a Chile, de ahí a Bolivia por dos o tres meses en una troupe, para después empezar a viajar solo. "Los que no inventan personajes, siempre van a ganar lo mismo, si inventás algo propio, vas a ganar más." La pregunta obligada, ¿Cuántos imitadores tuvo? "Alguna imitación salío alguna vez. Yo tenía patentado el nombre en Lima, cuando quisieron usarme el nombre yo aclaré que era mio. Eso siempre estuvo muy claro en cada lugar donde trabajé." Durante 40 días al año durante 8 años luchaba en Londres. En esos tiempos era todo un logro trabajar allí.
"En el 62 llego a Argentina. Hasta ese momento estuve en Francia, Inglaterra, España, Bélgica. Había que adaptarse a las circunstancias, había que tener buena conducta para mantenerse en plazas tan profesionales. Conocí luchadores que eran espectaculares pero bebían y de esa manera su carreras se truncaban, una verdadera pena".
El nacimiento de un ídolo
En ese año de 1962 lo contrata Martín Karadagian, era el primer ciclo de Titanes en el Ring. "Estuve casi 10 años en el programa, me retiré por ciscunstancias que a veces hacen que uno se vaya... Yo me hubiera quedado, pero no me sentía respetado. De todas formas hay gente que ya no está y no corresponde hablar de ciertas cosas. Junto a Bobby Olson, Dakkar, Benito Durante, Mr. Chile, y otros, hicimos la mejor época de la lucha en televisión, fuimos los que preparamos el terreno para todo lo que vino después. Terminado ese ciclo me fui a canal 9 con Campeones en el Ring con Goytia, Mr. Chile... Tratamos de mejorar lo hecho con anterioridad, ni mejor ni peor, tratando de poner más fuerza, más garra. Duró más o menos dos años. Después me fui a Perú, Ecuador, me tentaron para ir a Brasil. Fui a Australia, donde fue a vivir mi hija, e hice una temporada allí."
Con tamaña popularidad no tardó demasiado en perpetuar su imagen en la pantalla plateada. Así fue que en el 1964 filmó con Alberto Olmedo "Las Aventuras del Capitán Piluso". Humberto Ortíz como Coquito y Martín Karadagian como Curtis completaban el elenco favorito de la temporada. "Nunca me embriagó la popularidad, ya venía de trabajar en Europa y estaba muy habituado a la exposición en los medios, así que no tuve problemas con eso".
Honor a quien honor merece
Alberto Olmedo* ocupa un espacio privilegiado en el corazón de los argentinos. Al hablar de él los rostros se iluminan y las sonrisas no tardan en llegar. No podía, ni debía, dejar de preguntar acerca del recuerdo de Comanche para con el gran bufo rosarino. "Son pocas las personas que hay así, excelentes. Es como cuando siente que va a un lugar que todo es risa, que todo es limpio, como apreciar una buena comida, eso era Olmedo. Yo lo conocí antes de filmar la película, haciamos sketchs, promociones. Una gran persona..." El otro recuerdo es para un luchador enorme, en calidad y físico, el gran Ararat. "Ararat era discípulo del Hombre Montaña, él le enseño a luchar. Mire, va saber algo que le va demostrar lo buena persona que era. Hubo un momento en que Montaña ya estaba en baja y no luchaba tanto. Esto era en el Luna Park, Ararat le habló a Karadagian y le pidió que no le dijera nada a Montaña, pero que cada dinero que le correspondiera ya sea de una semana, de un mes, o del tiempo que fuere, se lo diera él. Es decir que luchaba gratis. Él vivía de sus negocios, tenía dos o tres carnicerías y eso le permitió tener ese enorme gesto de generosidad para con su maestro."
El balance final
Los recuerdos de una vida dedicada a la lucha no solo quedan en la memoria, el cuerpo también registra acontecimientos no tan gratos. "Tengo múltiples fracturas en las manos, en la traquea, en las costillas. En Francia me rompieron la traquea, estuve seis meses inactivo. Algunos son accidentes, otros mala fé. Pero todo se arregla en el ring, aunque en general no era revanchista. En una ocasión, allá por el 64 me mandaron a un luchador para que me lastimara, pero en ese entonces yo estaba en excelente estado atlético, y me di cuenta como para defenderme." Historias de parroquianos que se le atreven a profesionales del box o de la lucha abundan y el Indio no fue la excepción. "Alguna vez se envalentonaba alguno y buscaba pelea para probarse, pero a mi no me gustaba pelear fuera de lo que era mi trabajo. Hay un dicho que dice "Para un cuchillo hay otro cuchillo, y para un valiente siempre hay otro valiente". Yo tenía mi familia, en fin, por ahí si estaba solo y todo eso... Tampoco dejarse uno amedrentar." "Francamente no recuerdo el día en que dejé de luchar, simplemente lo dejé, habrá sido a mitad de los 80." ¿Pensó en enseñar? "No me gusta enseñar porque no cobro. Puedo asesorar, si tal sirve, tal no." "La lucha me dio la oportunidad de conocer mucha gente, de diversos caracteres, religiones, mala gente no he conocido, muy poco. Algo que me ha dolido siempre es no haber aprovechado más a mi familia, más con mi madre a quien traje a la Argentina. Tengo 8 hijos, nietos y bisnietos. Tengo un hijo que es ingeniero, otra es contadora, una estudia medicina, gracias a dios pude educarlos, en esa época se podía hacer dinero, el que no la guardó, bueno... Pero se podía." Se podía... Tantas cosas se podian... El pasado parece ser un lugar más interesante que el presente. Es fácil caer en la trampa. Perdernos la oportunidad de hacer todo lo que tenemos por delante. Ni más ni menos que aprender de las experiencias ajenas y propias, de la historia misma para construir una nueva. Ese es el mejor homenaje para quien ha vivido lo que en esta entrevista El Indio Comanche relató. Ese Indio Comanche que una vez más, como antaño, llegó a tiempo... Justo a tiempo.
-----------------------------------------------------------------------Alex Ríos


* Alberto Olmedo nació el 24 de Agosto de 1933. Debutó en la televisión argentina en el año 1956 y desde entonces no paró de divertir al país con sus disparatadas creaciones; Joe Bazooca primero, Piluso después y una galería de personajes inolvidables tanto para el público adulto como para el infantil. Dicen que murió un 5 de marzo de 1988. Pero todos sabemos que no es cierto, que los grandes nunca mueren.